lunes, 7 de mayo de 2012

-Gorguera-

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El pierrot está solo, el pierrot desea los jueves y el té en leche, el pierrot economiza los cristales de los ojos y, pese a nacer de utópicos amaneceres, el rojo de sus mejillas blancas abotargan una inocua nieve espesa.
 Y se despereza, como si tras el sueño de un irreal raciocinio, temiera en su bostezo las represalias de la soledad. Para el inmaculado pierrot la sensación límpida del eterno sueño es la mejor salida para la soledad.


Porque entre el existir y el no existir, prefiere recodar las estrellas y las lunas de Marte.

lunes, 9 de abril de 2012



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Si muere tu voz en la orilla del Sena no acuchilles tus relojes en mi nombre, pues en cobardía te fugaste robando mi primera mirada en nuestros últimos días. 
Y yo, me desvirtué para emanciparme de mis ya menos amparadas palabras,mis ya más disecada vida, mis ya más disueltos brochazos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Lo que dice

  
Celia ha cumplido siete años. La edad de la razón. Así lo dicen las personas mayores.
  Celia es rubia; tiene el cabello ese rubio tostado que con los años va oscureciéndose hasta parecer negro. Tiene los ojos claros y la boca grande. Es guapa. Mamá se lo ha dicho a papá en secreto, pero ella lo ha oído.
  No se envanece por tal cosa. Es seria, formal y reflexiva, razonadora... Porque, ¿de qué serviría haber alcanzado la edad de la razón si no sirviera para razonar?
  Así, pensando y pensando, ha entendido que,  siendo los mayores tan grandes y tan ásperos, tan diferentes en todo a los niños, no pueden comprender nada de lo que los niños piensan o hacen.
¡Pero vaya usted a quitarle de la cabeza a una persona mayor que es ella la que debe mangonear!
  Que se queda Celilla con los ojos muy abiertos, contemplando los leños que arden en la chimenea, pues dice mamá: "Juana, acueste usted a la niña, que se está durmiendo." Que al coger una porcelana de la vitrina se cae y se rompe, ¡Dios mío, qué escándalo y qué regañina!... Como si ella no lo sintiera más que nadie.
  Algunas veces está triste (¡le dan tantos disgustos!), y tiene tanta pena que, aunque haya llorado  mucho, los sollozos la ahogan todo el día. Entonces, los mayores dicen: "¡Dios quiera que nunca tengas que llorar por algo más grande!" Y en seguida: "¡Feliz edad!...¡Qué dichosos son los niños!
  ¡Dichosos! Ellos sí que lo son, que se van a la calle cuando quieren, se acuestan cuando les parece bien, comen lo que les gusta y rompen lo que se les cae, sin que nadie acuda a darles azotes.
  ¡Y qué tono se dan! "Cuando las personas mayores hablan, los niños no rechistan". "A los mayores no se les contradice nunca". En la mesa: "A comer y a callar".
  No sé dónde llegarían las cosas si hubiera que callarse siempre.
Felizmente, ella tiene siete años. ¡La edad de la razón! ¿Será por haber pasado de esa edad por lo que los mayores no comprenden las cosas más sencillas?
  ¡Y es inútil explicárselas! Sin embargo, Celia sí tiene la necesidad de decirlo todo, y va a contar todos los menudos incidentes de su vida inquieta, que para los que tengan su edad serán claros y transparentes, y un poco absurdos para las personas mayores, tan intolerantes e injustas casi siempre.
  Escuchad.




"Celia lo que dice"  
de Elena Fortún 





jueves, 9 de febrero de 2012

-Tú en mi café, mi cafeína-

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Me perdí entre el segundo plato y el postre, distraída con la nata que acariciaba tus labios. Aquel día cambié quererte por observarte, grabarte en mi pupila. Mientras, prometía a mi alma que el escribano ahogaría mis libros con tu tinta.


Tú, sin embargo, dibujabas remolinos inefables en el café intentando explicar el titilar de estrellas.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Desdibujarte en Montmartre



Necesito desdibujar los callejones oscuros donde haciendo el amor, menos amor se hizo y donde la cárcel fue morir en tu voz y en tu cruzada, sentirte en tu perfil de pintor y en tu lienzo sensible, cuyas pinceladas heredan la ajada impronta de un condenado Montmartre. 



sábado, 3 de diciembre de 2011

-Pesadilla-

Soy la imagen de tu huella inaudible y del caminar sosegado de la tierra en tus ojos de acuarela. Siento celeridad en tu respiración frente a la que nada se puede o debe. Niego esperar tu justo momento y no me vendo, no me vendo ante cualquiera cuya retórica se aparte de mi lengua, pero tus manos de orfebre son pesadillas en mis noches añiles.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

¿Quién dijo que el Norte sería figurativo?

Como el pequeño mosquito atrapado en el verde césped artificial, entre las cristaleras de un escaparate iluminado por luces de bajo consumo. 


¿Quién permitió que se perdiera así, entre el laberinto de brújulas, caleidoscopios y mapas estelares?


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Aceptemos lo imposible: el Norte marca tus pupilas de otoño.